Constantemente ella desearía poder parar el tiempo, sobretodo cuando se encuentra en uno de esos momentos en que disfruta. Es demasiado injusto que lo efímero sea bueno y lo eterno terrible. Que el corazón decida pararse cuando se sufre y, en cambio, que cuando disfrute parezca tener alas para llevarse esa felicidad lejos...
Son tantas veces las que ha caído, las que se ha visto traicionada. Lo que más le duele. Porque caerse por méritos propios tiene fácil remontada: reconocer el error. El problema es cuando la persona que le daba la mano al borde de un precipicio decide soltársela y ella se da cuenta cuando ya no tiene nada donde agarrarse. Tantas las ocasiones en que se propuso abandonar que ni las recuerda.
Pasado ese largo tiempo de dolor por la pérdida, ese daño casi físico que le deja alguien en quien confiaba cuando éste decide darle la espalda y tirarle piedras para luego esconder la mano, se da cuenta de que odiar es darle demasiada importancia. Ve que derramó más lágrimas por esa persona de las que pueda merecer, empezando por la primera y acabando por la última, que le regaló demasiadas noches sin sueño y demasiadas preocupaciones en su cabeza. Albira, como quien ve el Sol tras la tempestad, que ya se ha culpado a sí misma suficiente por lo que otros le hicieron porque no entendía de qué otra manera había podido ocurrir, no porque lo pensara de veras.
Lo mejor de todo es que ella nunca tuvo la culpa, si bien sus excentricidades la hacían diferente, jamás fue perversa. No era ella la que traicionaba, por tanto, no valía la pena seguir cargando con una culpa que en realidad era aire.
Se dio cuenta, al fin, de que lo único sabio y acertado era volver a levantarse, aunque pareciera imposible, porque eso, después de todo, significaba vencer. Magullada y sientiendo dolor en partes del cuerpo que no se ven, soltó un suspiro de alegría cuando al fin se vio de pie. Sólo la oyó el aire que la reodeaba mientras ella le dijo al viento que podía vencer y que vencería.
martes, 9 de marzo de 2010
sábado, 6 de marzo de 2010
ARTE
A veces ella se pregunta dónde reside esa magia, aquella que le sorprende de vez en cuando en algún callejón, en las piedras antiguas de una casa o estatua que pueden mirar el pasar del tiempo.
Se pregunta, a la vez, qué es eso que tiene la belleza para cautivar, cuál es la esencia que embelesa, atrapa y deslumbra.
Cuestiona el misterio y sabe que existe. Está sorprendida, impresionada y llena de intriga ¿Cómo lo hizo ese artista para captar la desesperación? O aquel otro para pintar la serenidad ¿Qué ojos hay que tener para mirar la belleza a la cara y qué manos, milagrosas, pueden plasmarla en el arte, hacerla eterna?
Se pregunta, en el fondo, quién fue el magnate de la sensibilidad, el visionario capaz de ver más allá de lo mundano y captar lo bello e incorpóreo, que ni se toca ni se ve, sólo pasa como un destello casi inapreciable. Qué pudo tener esa persona para transformar esa esencia en algo tangible pintando, esculpiendo o edificando y hacer que sea magia para los ojos atentos que desean verla.
martes, 16 de febrero de 2010
SED
Hay personas que parecen ir contracorriente, que hacen las cosas mal porque eso les destaca y se creen intocables. No tienen límites o no parecen tenerlos, son capaces de cualquier cosa con tal de no ser la norma para convertirse en la excepción. A pulso se ganan el desprecio, que les hace sentir especiales, poderosos y amos del mundo. Sin embargo, más allá de lo que ven, controlan, interpretan y hacen hay otra realidad que les condena, aunque no les importe: esa realidad son el conjunto de actos que las buenas personas dejan tras de sí para equilibrar la balanza. Sin que nadie les pida nada y por increíble que parezca hay quien se siente llamado a ayudar, a reconstruir, a crear. Esas personas son las que, a la hora de la verdad, destronan a las primeras. Porque cada cual recoge lo que siembra y la muerte, la destrucción y el egoismo son tan estériles como el desierto.
Dedicado a todos los que alguna vez han pensado que las malas personas siempre ganan, porque pueden pagar todos los precios de lo que quieran comprar. No es cierto, porque ni todo se vende, ni siempre se gana, ni mucho menos puede alguien ser invencible.
martes, 26 de enero de 2010
UN CLAVO
Dicen que ella no piensa, que nada le afecta. Quieren pretender que cualquier persona es immune a lo que sea, que resiste cualquier crítica, broma o burla. Pero a veces hay que decir basta. Sí, basta de risas, de quitar importancia, de hacer ver que la vida es un chiste sin gracia. Porque no hay un ápice de verdad en ello y fingir, que es lo que hace el afectado, es doloroso y deja mella.
¿Por qué no aceptar la palabra diferencia? Cuando un clavo sobresale está condenado a golpear su cabeza contra todo lo que le roce y nadie se preocupa por evitar eso, al revés, lo rozan una y otra vez como si quisieran recordarle que no encaja.
Ella es ese clavo, distinta y excepcional si se piensa en positivo, rara si ese punto de vista no se tiene en cuenta. Ella no discute ni condena, sólo observa, mira a los demás y se pregunta por qué quieren ser iguales si es en la diferencia donde está la gracia.
¿Por qué no aceptar la palabra diferencia? Cuando un clavo sobresale está condenado a golpear su cabeza contra todo lo que le roce y nadie se preocupa por evitar eso, al revés, lo rozan una y otra vez como si quisieran recordarle que no encaja.
Ella es ese clavo, distinta y excepcional si se piensa en positivo, rara si ese punto de vista no se tiene en cuenta. Ella no discute ni condena, sólo observa, mira a los demás y se pregunta por qué quieren ser iguales si es en la diferencia donde está la gracia.
jueves, 21 de enero de 2010
UN MAL DÍA
Al cabo de cinco minutos pudo sentarse a pensar. Se había pasado el día entero de un lado para otro, agetreada, sin la oportunidad de parar. Ella sabía que últimamente las cosas iban demasiado rápido, que se precipitaba, que no podía. Ni con su cabeza, ni con su cuerpo, ni con nada. De repente, al mundo le había dado por girar más rápido de lo que podía aguantar y aunque intentó esforzarse nadie quiso darle tiempo. Se decía a sí misma que sólo le quedaba llorar, que nada podía ir peor, pero incluso eso sería perder el tiempo. Ya había tenido bastante y decidió parar. Estaba sentada en un banco en medio de la calle, quieta, viendo pasar a la gente. Sabía que estaba perdida en el mundo, sin embargo, lo que no sabía es si había alguien más como ella. Un chico se sentó a su lado, ausente, mirando sin ver, tal y como hacía ella. Se miraron y consiguieron arrancarse una sonrisa el uno al otro:
- Un mal día, ¿no? - dijo él.
- Demasiados - contestó ella.
- Nunca es tarde para cambiar eso.
Y empezaron a hablar, de cualquier cosa, de lo que les hacía gracia. Varias sonrisas asomaron a sus labios después de la primera y cuando se separaron, quedaron en volver a verse. Sin saberlo, ambos habían empezado a cambiar aquello, a ver las cosas de un color mucho más alegre que el gris. Ella volvió a casa animada, con la cabeza en orden y con ganas. Él tenía razón, nunca era tarde. A partir de ese día, aquel banco sería su punto de encuentro. Ella acudiría a él y él a ella, para darse mútuo apoyo cuando nada en el mundo daba resultado.
Porque a veces lo único que necesitamos es que alguien nos diga que podemos.
- Un mal día, ¿no? - dijo él.
- Demasiados - contestó ella.
- Nunca es tarde para cambiar eso.
Y empezaron a hablar, de cualquier cosa, de lo que les hacía gracia. Varias sonrisas asomaron a sus labios después de la primera y cuando se separaron, quedaron en volver a verse. Sin saberlo, ambos habían empezado a cambiar aquello, a ver las cosas de un color mucho más alegre que el gris. Ella volvió a casa animada, con la cabeza en orden y con ganas. Él tenía razón, nunca era tarde. A partir de ese día, aquel banco sería su punto de encuentro. Ella acudiría a él y él a ella, para darse mútuo apoyo cuando nada en el mundo daba resultado.
Porque a veces lo único que necesitamos es que alguien nos diga que podemos.
lunes, 11 de enero de 2010
QUE VALGA LA PENA
En un día normal de nuestras vidas tendemos a dejarnos arrastrar por la corriente de metas con las que nos bombardean los que dicen saber lo mejor para nosotros. Sabemos que lo primero es estudiar, y en eso no le falta razón a nadie, sin embargo no es sinónimo de libertad (eso que tanto queremos) dejar que escojan por nosotros hasta la ropa que nos pondremos al día siguiente. La rutina vence con facilidad porque es cómoda y segura, a diferencia del riesgo que supone intentar algo nuevo. Si no tenemos otra aspiración en la vida que conseguir un trabajo estable de lo que sea (de qué trabajar no es importante mientras la paga sea buena), disponer de un sueldo considerable y dejarnos engañar por la sarta de modas y tendencias que nos digan cómo tenemos que ser para agradar, ser unos mandados parece una suculenta opción. Pero para mí ese proceder carece de toda atracción. Arriesgarse a hacer lo que nos gusta implica decepciones, esfuerzo, errores y, por supuesto, dificultad, pero la recompensa si se consigue el triunfo es tan grande que nada de eso importa. Pienso que es preferible aprender de nuestros propios errores, dejando que seamos nosotros los que nos equivoquemos para vivir de ese modo la verdadera experiencia, que permitir que nos tengan en una urna de cristal protectora de todo mal y aislante de todo bien. Si nadie puede hacer de nostros mejor que nosotros mismos, ¿porqué no hacer que nuestra vida se salga, ni que sea un poco, de lo establecido, arriesgarnos y hacer que valga la pena? Nadie nos asegura el éxito, pero al menos hay que intentarlo... ¿Cómo avanzará el mundo sinó?
sábado, 9 de enero de 2010
Presentación
Hola a todos,
Esta es la primera de muchas entradas que publicaré de ahora en adelante. Como amante de la escritura y aficionada a ella me gustaría dar a conocer los textos que se me ocurren constantemente, lo que escribo en un rato entre clases, al llegar a casa o cuando tengo unos minutos en cualquier momento del día. Me gustaría que quien lo lea me deje algún comentario, sólo para saber que mis palabras no son en balde. Muchas gracias, por adelantado.
Ahí va el primero:
PREOCUPACIONES
"La preocupación es algo omnipresente en nosotros: nos preguntamos si hacemos lo correcto, si elejimos bien ayer contando con lo que recibimos hoy o si tendremos la lucidez, fortuna y posibilidad de acertar mañana. No hay acierto ni error si no sabemos lo que queremos. Puede que todo nos parezca bien, que nos guste lo que vemos y no queramos cambiarlo. En ese caso, la casualidad es la que ha jugado en nuestro favor y es la razón por la cual, a pesar de no tomar resoluciones, estamos en paz. Pero esa es una paz ficticia, que no nos hemos ganado y, por lo tanto, efímera. Sólo es cuestión de tiempo que otra casualidad contraria a la primera lo eche todo a perder. Luego está la segunda opción. Sin decidir nada sentimos que todo sale mal, no estamos conformes con lo que hacemos y nos sentimos los seres más desgraciados del planeta. Pero confiamos en un indeterminado "ya se areglará" que sólo infunde falsas esperanzas y hace que el fracaso sea peor. En vez de tomar cartas en el asunto, porque la duda del acierto o fracaso nos paraliza, confiamos en tener la suerte a nuestro favor para arreglarlo todo. No sirve de nada. Sólo hace falta una resolución, una preocupación y una pregunta: "¿qué es lo que queremos?" Si tiene respuesta, el resto saldrá bien. Sólo necesitamos encontrar ese detalle para decidir, para gobernar nuestra vida y acertar."
Pikika.
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