Hay personas que parecen ir contracorriente, que hacen las cosas mal porque eso les destaca y se creen intocables. No tienen límites o no parecen tenerlos, son capaces de cualquier cosa con tal de no ser la norma para convertirse en la excepción. A pulso se ganan el desprecio, que les hace sentir especiales, poderosos y amos del mundo. Sin embargo, más allá de lo que ven, controlan, interpretan y hacen hay otra realidad que les condena, aunque no les importe: esa realidad son el conjunto de actos que las buenas personas dejan tras de sí para equilibrar la balanza. Sin que nadie les pida nada y por increíble que parezca hay quien se siente llamado a ayudar, a reconstruir, a crear. Esas personas son las que, a la hora de la verdad, destronan a las primeras. Porque cada cual recoge lo que siembra y la muerte, la destrucción y el egoismo son tan estériles como el desierto.
Dedicado a todos los que alguna vez han pensado que las malas personas siempre ganan, porque pueden pagar todos los precios de lo que quieran comprar. No es cierto, porque ni todo se vende, ni siempre se gana, ni mucho menos puede alguien ser invencible.